El monumento imprescindible del barrio es, sin duda, el Palacio Garnier: su fachada, sus columnas de mármol, sus dorados, sus grandiosas estatuas... Creado por Charles Garnier, este teatro (que se puede visitar todos los días) es un símbolo del Segundo Imperio. Todo el barrio es emblemático del París haussmanniano, con sus grandes bulevares y sus edificios reconocibles... Otras sorpresas esperan a los visitantes: el museo del perfume Fragonard, Paris Story, el museo Grévin, las galerías y los pasajes cubiertos. Con los grandes almacenes Galeries Lafayette y Printemps, el barrio de la Ópera es también el punto de encuentro de los adictos a las compras.