Como en casa, pero todavía mejor, y con croissants.
París, París,… susurra esta voz a mi oído.
Me despierto tranquilamente en el 223 boulevard Voltaire, en una confortable cama del Grand Hôtel Français. La luz del día filtra a través de las cortinas e ya me imagino el dulce olor de los croissants calientes en la sala del desayuno. El ambiente es simpático, termino mi café, tomo mi cuaderno de notas y me voy a pedir consejo a la recepcionista de agradable sonrisa. Me garabata delicadamente un mapa, me habla del barrio y me da incluso la dirección de su bistrot preferido para el almuerzo. Dulce Francia, este hotel tiene tantas historias que contar. Estoy impaciente de descubrirlas. Salgo al bulevar y me mezclo con los transeúntes que ya van por los adoquines. Ahí entiendo porque el propietario le tiene tanto amor a este barrio, a este lugar que respira la Historia de la Revolución y del art de vivre a la francesa. París, París,…me espera.